Uno de los mejores de Suiza y el mejor de relojería en el mundo entero, el Museo Patek Philippe acaba de cumplir 20 años. Su colección de 2.500 relojes y objetos preciosos narra la historia del arte relojero ginebrino, suizo y europeo durante cinco siglos.

Con sede en Ginebra y de renombre internacional, el Museo Patek Philippe conmemora su 20 aniversario. A través de su colección de 2.500 relojes, autómatas, objetos preciosos y retratos en miniatura sobre esmalte, narra la historia del arte relojero suizo y europeo, durante un periodo de 500 años. Un museo vivo y dinámico, cuya colección está en constante evolución y se completa con la producción de Patek Philippe desde 1839 hasta la actualidad.  

Un edificio industrial  

Tan importante e impresionante museo se ubica en un edificio industrial del siglo XX, en el barriode Plainpalais. Fue adquirido por Patek en 1975 para albergar los Atelier Réunis, donde producía las cajas y los brazaletes. En 1999, Philippe Stern, entonces presidente de la firma, decide utilizarlo para exponer allí su colección de relojes.

Las obras de restauración comenzaron respetando la arquitectura original. El diseño de interiores corrió a cargo de Gerdi Stern, la esposa del presidente de Patek Philippe, dandole el ambiente propio de un salón privado.  

Es así como, a finales de 2021, el Museo Patek Philippe abre por fin sus puertas, exhibiendo con orgullo sus extraordinarias piezas. Un espléndido, cultural y didánctico recorrido por cinco siglos de patrimonio relojero europeo, así como por las artes decorativas asociadas, como el grabado, el esmaltado, el engaste, el guilloché, etc.  

Cinco siglos de historia 

La colección se divide en dos secciones principales. A través de unas 1.200 piezas, la exposición de la segunda planta se centra en el reloj mecánico portátil, desde sus orígenes en el siglo XVI hasta principios del siglo XIX. Un periodo que recoge la invención del resorte espiral por parte del holandés Christiaan Huygens, iniciando así una nueva era en la relojería. “El reloj se convierte en un instrumento de precisión con una variación de tan solo uno o dos minutos al día. Todo un avance técnico, que estimuló los descubrimientos científicos, que a su vez contribuyeron al progreso de la relojería”, explica el equipo del museo.

A destacar también la sección dedicada a los relojes femeninos, que se llevaban como colgantes o con châtelaines en la cintura y que eran un compendio de las mejores artes decorativas y de joyería.  

En la primera planta, la muestra relata la contribución de Patek Philippe a la historia de la relojería. Cerca de 1.150 piezas, entre relojes de bolsillo, colgantes, de pulsera y de péndulo, dan fe de la creatividad y saber hacer de esta manufactura desde su fundación por el polaco Antoine Norbert de Patek en 1839, pasando por su asociación en 1845 con el relojero francés Jean Adrien Philippe, inventor de los primeros relojes sin llave gracias a su sistema doble de cuerda y puesta en hora por medio de una corona. 

Los grandes hitos de Patek 

En esta planta se muestran los grandes hitos de Patek y su dominio de las complicaciones como el calendario perpetuo, los relojes de viaje con doble huso horario y Hora Universal, los relojes de sonería y repetición de minutos, los cronógrafos, tourbillones, relojes astronómicos, ecuaciones del tiempo, etc…

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Se dedica también un buen espacio a la evolución estética del reloj de pulsera. Como aquellos primeros modelos estilo Art Nouveau y Art Déco, o el primer reloj de pulsera suizo, fabricado en 1868 para una condesa polaca. 

La última sección de esta planta rinde homenaje a los relojes que conmemoran fechas importantes para Patek. Aquí encontramos el famoso Calibre 89, creado en 1989 con motivo del 150 aniversario de la manufactura. El Star Calibre 2000, creado para dar la bienvenida al nuevo milenio. El Grandmaster Chime, el reloj más complicado de Patek Philippe, con 20 complicaciones incluidas 5 sonerías, lanzado en 2014 para celebrar el 175 aniversario de la marca.    

El recorrido por el museo se completa con la visita a la tercera planta, que alberga una impresionante biblioteca y una hermosa colección de retratos y tabaqueras en pintura en miniatura sobre esmaltes, además de los archivos históricos de la propia marca. En la planta baja se pueden ver las herramientas antiguas y los bancos de trabajo. Allí se ubica también el gabinete de restauración.  

En estos veinte años el interés por el museo ha ido acrecentándose. Más de 600.000 personas lo han visitado en estas dos décadas. Y es que, además de la colección permanente, se han ido organizando exposiciones temporales, como los “Relojes reales” en 2005, “Relojes chinos” en 2010 o “Relojes firmados por Rousseau” en 2012.

Además, haciendo honor a su espíritu didáctico, el museo organiza también visitas temáticas sobre esmaltado, autómatas, los inicios de la relojería o incluso visitas infantiles. Puede visitarse de manera individual, pero también hay visitas guiadas con cita previa y en varios idiomas, entre ellos en español.  

Nuevos proyectos 

Con motivo del 20 aniversario, el museo, que se enriquece constantemente con nuevas adquisiciones. “Se está reorganizando en veinte zonas temáticas centradas en aspectos concretos de la historia del reloj o del mundo de Patek Philippe”, explica Peter Friess, responsable del museo desde 2014. Para hacer la visita más interactiva y dinámica, se entrega a cada visitante una tablet con información sobre los objetos expuestos y el contexto. “Son un total de 20 horas de grabaciones en varios idiomas que ilustran los estrechos vínculos entre la relojería y la ciencia, la moda, los movimientos artísticos y la evolución social”, continúa Friess.  

Además de todo esto, y también para celebrar su 20 aniversario, el museo prepara dos libros con espléndidas ilustraciones sobre los tesoros que allí se albergan. Uno estará dedicado a la colección antigua y el otro a la colección Patek Philippe. En definitiva, un museo que no hay que perderse y que bien vale la visita a Ginebra.