Eric Othenin-Girard ha muerto. Periodista, asesor, divulgador, comunicador, polifacético, crítico, sagaz, viajero impenitente y hombre generoso, Eric fue durante muchos años colaborador de R&E y gran amigo personal desde tiempos inmemoriales.

Colaborador de nuestra revista R&E – Relojes&Estilo durante muchos años y gran amigo personal desde tiempos inmemoriales, Eric Othenin-Girard ha muerto. Veterano periodista, con más de 40 años de oficio, Eric era uno de los grandes. Su pasión era la relojería, a la que consagró buena parte de su vida profesional y que tanto le debe, pero también el periodismo. Como corresponsal de la radio suiza, fue uno de los primeros periodistas en entrar en los campamentos de Sabra y Chatila. Conoció y entrevistó a dirigentes políticos y sociales de medio mundo, de los que contaba curiosas anécdotas. 

Pero una y otra vez, Eric volvía a la relojería. Se jactaba de no haber faltado a ninguna feria de Basilea en más de 40 años. Desde cualquier parte del mundo donde estuviera volvía siempre esa semana para descubrir de primera mano los nuevos relojes y tomar el pulso a una industria que conocía como pocos. Merecedor de su amistad y su respeto personal y profesional, siempre era bien recibido por los más grandes, como Nicolas G. Hayek, Günter Blümlein, Franco Cologni, Philippe Stern, Angelo Bonati, Jerôme Lambert, Jean-Claude Biver, Richard Mille, Giulio Papi, Vincent Calabrese… con los que colaboró y a los que, desde su amplia experiencia y buen saber-hacer, asesoró en múltiples ocasiones. Ironía del destino, no deja de ser llamativo que su muerte coincida con el fin de Baselworld.  

Periodista, asesor, divulgador, comunicador, su compromiso con la relojería suiza le llevó a dirigir la Academia de Relojería de Le Locle, por la que pasaron muchos jóvenes talentos que hoy ocupan puestos decisivos en distintas compañías del sector. Creó también una asociación para aficionados y coleccionistas que llamó Watches & Friends, aludiendo así a su concepción del arte de medir el tiempo. 

En R&E colaboró activamente desde el primer número de la nueva etapa, allá por enero de 2011. Su crónica, definida como la de un espíritu libre, y sus entrevistas fueron siempre ampliamente seguidas por nuestros lectores. Su fino ingenio y su aguda capacidad de análisis suscitaron muchas adhesiones y diferenciaron cualitativamente a nuestra revista. Para él no había tema tabú ni asunto menor. En su primera crónica en R&E, en la que hablaba de la recuperación del sector tras la crisis de 2008 y 2009, escribía: “El género humano tiene la particularidad de que cuanto más sufre más rápido olvida su sufrimiento. ¿Esto es debido a una excepcional facultad de supervivencia, a un formidable positivismo o quizá a una fantástica capacidad de absorción? Nadie puede responder, pero siempre es así. La industria de la medida del tiempo no escapa a esta regla”. 

Sin duda, fue un gran honor contar con su inestimable colaboración y su acertado consejo. Siempre le echaremos de menos. 

Si la relojería era su pasión, viajar era su gran afición. Viajero impenitente, ya fuera por placer o por trabajo, Eric estaba siempre dispuesto al viaje y a mirar con ojos curiosos y atentos todo lo que ocurría a su alrededor. Nada le era ajeno y todo despertaba su interés. La geografía de nuestras conversaciones recorre el mapa desde Pekín y la muralla china hasta Nueva York y sus ajetreadas calles, pasando por Berlín, París, Versalles, San Petersburgo, Ginebra, Madrid, Florencia, la Costa Azul… 

Eric era un hombre tranquilo y generoso, que gustaba de tomarse su tiempo para la reflexión, y que amaba compartir una buena mesa y un buen vino. Ávido lector -viajaba siempre con un libro en el bolsillo-, era también aficionado a la ópera, la música clásica y el jazz. Contaba amenas historias y cantaba con buena voz. Recuerdo que en una ocasión me dijo que en su funeral querría que sonara Miles Davis y su Sketches of Spain, pero lo último que le oí cantar fue un fragmento del hermoso aria Nessun Dorma de Turandot: “Venceré al amanecer, venceré”.

¡Que la tierra te sea leve!