Si hay una parte de la indumentaria de James Bond que llame la atención y que a su vez signifique una característica muy marcada del personaje es el reloj. Sea en la época que sea y sin importar quién haya interpretado al agente con licencia para matar, en su muñeca siempre ha lucido un guardatiempo que ha definido su estilo.

El primer reloj que lució 007 fue el Rolex Submariner. Este modelo llegó con polémica, ya que ante la negativa de la marca a prestar uno de sus ejemplares, fue uno de los productores quien hubo de poner el suyo a disposición. Un ejemplar con brazalete y correa NATO que, ya desde su primera aparición, se convirtió en un icono. El Submariner era originalmente una pieza destinada al buceo, pero con la aparición de otros relojes más comunes y económicos con el mismo cometido, éste pasó a ser un objeto de culto sólo para bolsillos privilegiados. Un atuendo de primerísima gama que lució desde From Russia with Love y que se prolongó durante una década, hasta Live and Let Die (1973). En esta entrega, donde ya estaba Roger Moore en el papel, también apareció un Pulsar Astronaut a cuarzo con pantalla LED que pertenecía al propio actor. Sin duda, lo que más impactó de este ejemplar fueron los diodos emisores de luz y el hecho de mostrar la hora en formato digital cosa que para la época era revolucionario.

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Y es que James Bond y todo el equipo que lleva tras de sí no sólo cuida la apariencia del personaje, sino que lleva a estudio todo tipo de detalles. Para mostrar sus relojes se ambienta en restaurantes inauditos donde comer,  aprovecha lugares insólitos donde todo el mundo sueña con viajar o incluso se diseñan modelos de coches de alta gama en los que pasearse y protagonizar escenas de acción.

Comenzó entonces a generarse un auténtico fenómeno en cuanto a los relojes. En 1977, con motivo de La Espía que me amó, se produjo un auténtico punto de inflexión en la vida de Bond: para entonces, la suerte del agente dependía absolutamente de lo que su artilugio fuera capaz de hacer. Ahí tomaron protagonismo los relojes Seiko, que permitían enviar y recibir mensajes del cuartel general del Servicio Secreto, mostrar imágenes que filmaba una cámara o rastrear objetos, entre otras virtudes. Hasta finales de los 80, cuando con Tymothy Dalton se regresó al mítico Rolex Submariner, se extendió el dominio de la marca japonesa Seiko. No obstante, volver a los inicios también significó que el papel del reloj volviera a ser secundario y que otra vez tuvieran presencia las virtudes propias del protagonista.

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Para los James Bond más contemporáneos, Pierce Brosnan y Daniel Craig, la marca de reseña es Omega. El  motivo para el cambio fue que, a partir de 1995, con la llegada del irlandés al papel, se quiso cambiar de registro y cambiar el lujo por la modernidad. Un decisión, por tanto, estética. Y también publicitaria, ya que Omega estaba más dispuesta a involucrarse en campañas de co-marketing que sus antecesores. Así las cosas, parece que el talante deportivo de los relojes de esta firma helvética será por un tiempo la imagen del agente secreto más famoso de la gran pantalla.