Es una auténtica leyenda de la relojería. Un icono que, sin discusión, ha marcado el tiempo de varias generaciones y que aún hoy sigue en plena forma.
En 1952 Breitling se convierte en la marca de referencia del mundo de la aeronáutica con el Navitimer, un cronógrafo de pulsera destinado a pilotos y profesionales de la aviación. Auténtico cuadro de instrumentos de muñeca, estaba equipado con una funcional regla de cálculo circular que resolvía en poco tiempo y de forma sencilla las operaciones necesarias para el desarrollo de la navegación aérea.
Dotados de un bisel con relieve perlado, los primeros Navitimer permitían calcular la velocidad media, la distancia recorrida, el consumo de carburante, los índices de ascenso/descenso y la conversión de medidas como millas/Kilómetros/millas naúticas, entre otros. Este bisel resaltado inicial adoptaría en poco tiempo el relieve estriado que todavía conserva.
Las posibilidades del Navitimer en la navegación aérea lo convierten en 1960 en Reloj oficial de la prestigiosa asociación de propietarios de aviones AOPA (Aircraft Owners and Pilots Association). En 1962 un Navitimer con graduación especial 24 horas -para diferenciar día/noche en el cosmos- viaja al espacio con Scott Carpenter durante el vuelo orbital a bordo de la cápsula Aurora 7. Este será el germen del futuro Cosmonaute.
En 1969 Breitling desarrolla el primer mecanismo cronógrafo de cuerda automática y, en la década de los 70, en pleno auge del cuarzo, nacen versiones electrónicas del Navitimer con añadidos como la indicación LEC y LCD. En los ochenta se consolida el posicionamiento del Navitimer como instrumento relojero y el cambio de siglo lo transforma levemente. Breitling introduce moderados cambios estéticos actualizando las líneas y el diseño de este reloj atemporal que mejora con los años.