Es una auténtica leyenda de la relojería. Un icono que, sin discusión, ha marcado el tiempo de varias generaciones y que aún hoy sigue en plena forma.
Lanzado en 1972, el Royal Oak nació para romper las reglas establecidas en un momento en que la industria relojera relacionaba alta relojería con metales preciosos. Diseñado por Gérald Genta, el primer Royal Oak “Jumbo” (5402 ST) presentaba un bisel octogonal fijado con ocho tornillos hexagonales de oro blanco y una esfera guilloché motivo “tapicería”. Cuenta la leyenda que se diseñó en una noche, y bendito el momento que dejara tan profunda huella en la historia de la marca.
Una caja de 39 mm con el brazalete totalmente integrado en un nivel de precio similar a los relojes elaborados con metales preciosos… El mensaje estaba claro, el Royal Oak era algo más. Estéticamente novedoso, su maquinaria -mecanismo AP 2121 automático con rotor de diámetro completo- utilizaba acabados propios de la relojería con letras mayúsculas.
La concepción original del Royal Oak, un reloj deportivo de lujo elaborado en acero, marcaba un estilo nuevo. Una arquitectura muy técnica lo convertía en un soplo de aire fresco en relojería debido a su movimiento mecánico ultra plano y el tamaño generoso de su de caja, que rompía los cánones del momento. Además, el Royal Oak daba un giro total a la historia de Audemars Piguet, que confirmaba así que el acero puede acompañar a un reloj de lujo y que una esfera grande puede ser también elegante y estilosa.
Si este lanzamiento del Royal Oak provocó algunos pestañeos en un primer momento, poco a poco se fue convirtiendo en uno de los relojes de referencia para coleccionistas, hombres de negocios y miembros de la jet-set internacional. El eslogan utilizado para su campaña publicitaria por Audemars Piguet “Con frecuencia imitado, nunca igualado” sigue vigente más de cuarenta años después. Icono de la manufactura de Le Brassus, su longeva producción continuada confirma el éxito de este indiscutible icono relojero.